"NADA ES, TODO FLUYE" Parece simple. Lo es ?. Algún día entenderé el significado y entonces,...... SE VAN A ENTERAR.

5.11.07

CABRITAS Y CABRONES


(Relato histórico titulado “Cabritas y Cabrones”, en homenaje a Pier Paolo Pasolini, autor de la obra “Pajaritos y Pajarracos”. Lo redacté con ocasión del asunto de la isla Perejil y no lo publiqué por ser de escasa calidad literaria. Ahora veo que no he mejorado en todo este tiempo y creo que puedo publicarlo sin merma alguna de un inexistente prestigio).

Esta historia es verídica como la vida misma y así la quiero contar para verguenza de cuantos debiendo saber, no supieron y pudiendo actuar, no actuaron.
La llamada isla Perejil es una posesión española desde la noche de los tiempos, o sea, desde antes que existiera España. Se halla justo al lado de la costa marroquí ( a poco mas de 200 metros) y su orografía apenas permite un uso de ocio, como ir nadando y echar una cagadita después de follarse a una cabra y cosas de parecido calado.
Los moros la llaman Leyla desde que Eric Clapton compusiera una canción en homenaje y recuerdo de un viaje en yate por la zona: Echó una cagadita y se folló una cabra harto ya de tantas mujeres barbie. De hecho, los moros, atentos a la circunstancia de que Clapton había invertido el orden natural de las cosas, decidieron cambiar Layla por Leyla y se quedaron contentos de saber que solo ellos sabían el porqué.

Pero no perdamos el hilo de la historia; olvidémonos de Clapton.

En el invierno de 1959, el Capitán Morcillo, jefe de guardia de la guarnición de Ceuta, se dirigíó al sargento Morales y le ordenó que se diera una vuelta por la Isla Regaliz, que es como la llamaban entonces en Ceuta. Aunque esta es otra historia, sí conviene precisar que a partir de una discusión sobre quien tenía preferencia para cagar en la isla y follarse a las cabras, las autoridades marroquies de la zona acordaron un intercambio de regalos que permitiera establecer un orden de uso no conflictivo del trozo de roca enclavado en el mar. Regaliz venía de regalo en el dialecto de los de allí y con ese nombre se quedó aunque posteriormente, el intercambio de órdenes cuarteleras acabó cambiándole el nombre tontamente, después de pasar por “patata”,”pepino”, altramuz”, etc., que eran la dieta base de los legionarios de entonces en Ceuta.
Por entonces, las órdenes del tipo: “Se me va a la isla esa, la patata o perejil o la madre que la parió y se me da una vuelta pa joder a los moros y se me vuerve paquí cagando leshe” eran de uso cotidiano en el cuartel y así llegamos a estos días con el nombre mas extendido de “Perejil”
Pero no adelantemos acontecimientos. El sargento Morales no discutía una orden, así que se fue pallá y se dió una vuelta rodeando la Isla con su motora, cosa que le llevó cinco minutos. Al resultar visible para los bañistas de la zona, fue cordialmente saludado y él se creyó más importante de lo que era: un día nefasto para la patria y grande para él.
Decidió, en un claro error estratégico, parar la motora en el trocito de isla más accesible y echar una cagadita, lo que le hizo ser increpado por los bañistas del otro lado, apercibidos de como huele la cagadita de un legionario español. Morales, embravecido por los insultos morunos se fue para una cabra y se la folló, con lo que culminó un ritual ya conocido por moros y cristianos y en el que siempre chilla justamente el que no caga.
Después de haber satisfecho sus bajos instintos, montó en la motora y se volvió cagando leches para Ceuta, lo que creó un cierto oleaje molesto para los bañistas moros: o sea, objetivo cumplido, habíamos jodido a los moros.
Aquel día, el capitán Morcillo había dado, sin saberlo su última orden ya que fue recogido en el desierto clavando el pene en la arena, que era la manera mas usada de relaciones sexuales de los legionarios cuando faltaba el melón maduro. Pero aquella vez, bajo la arena se escondía un nido de escorpiones que, al ver penetrar el pito del capitán en su intimidad, reaccionaron agresivamente y envenenaron a un hombre que en ese momento se encontraba a punto de eyacular y por ello, indefenso.
Tras el funeral de capitán Gordillo, surgió un dilema: Si la orden del día se había convertido en una orden póstuma, debía interpretarse como permanente: del latín “post”, que como todo el mundo sabe viene de posterior y “uma” que relata la grandiosidad del hombre mas allá de sus circunstancias e incluso de sí mismo.
Así, pasó el tiempo y cada mañana, el sargento Morales cogía la motora y se daba una vuelta por la puta isla. No existía contraorden y nadie se atrevía a replanteamiento alguno porque en la cultura legionaria, pensar hace daño al cerebro y provoca restreñimiento.
Por eso, cada día, cagadita y follada de cabra, invariablemente contestada con insultos desde el otro lado. Hay que decir que también desde ese otro lado se hacían excursiones nocturnas para hacer exactamente lo mismo que Morales pero a la luz de la luna mora: lo que explica su cabreo pues, pasado el tiempo, la entrada de la isla se había convertido en un infame cagadero y no había manera de respirar el aire del mar.
Pero, vayamos a nuestros días, pues pasado el tiempo, el sargento Morales se retiró con el grado de brigada, ascenso al que siempre fue justamente acreedor por su arrojo en tirarse un pedo a la vez que eructaba y estornudaba, lo que le valió el respeto de sus superiores y unas medallas por el mérito de ser el legionario mas insultado por los moros desde que Millán Astray fundó la legión con un solo ojo, pero con dos cojones.
Poco antes de que Morales se retirara, los moros acordaron gastar una broma al legionario y una noche sustituyeron las cabras por machos cabríos, para reirse un poco y como venganza a tanta cagada hispana. Pero Morales no se inmutó, perdón, no se enteró ni percató del cambio: al fin y al cabo se trataba de un agujero y eso era lo único que necesitaba un novio de la muerte que se masturbaba pensando en ella. “¡La hostia, la muerte en pelotas!” era lugar común entre ellos que provocaba más de una erección.
Pero olvidémonos un momento de Morales. El se retiró e instaló en Ceuta como conserje de la delegación del gobierno, por supuesto, sin dejar de cobrar la pensión.
Los moros fueron perdiendo el interés y en Ceuta ya no se acordaban de Regaliz, Perejil o la puta en verso. La isla se fue recuperando de tanta mierda y servía ocasionalmente para una fiesta nocturna o un encuentro de enamorados furtivos.
Todo estaba tranquilo hasta que se jubiló el jefe de policía de aquel pueblecito marroquí, frente a la isla. Los gendarmes decidieron correrse una juerga de celebración y se embarcaron en una zodiac con la idea de darle por el culo a los cabritos, imaginando que eran la personificación de su exjefe, el gran cabrón. Pero, cuando estaban a punto de llegar, la zodiac se pinchó y se vieron vestidos de uniforme y con nada de comer en aquella puta roca. Huelga decir que los cabritos acabaron pagando su mala leche.
Por la mañana, los seis gendarmes lanzaron gritos de auxilio hacia la costa con la esperanza de ser rescatados. Incluso agitaban la bandera para resultar mas visibles.
Viendo el espectáculo y sin entender el porqué de tanto griterío, a las pocas horas llegó hasta el gobierno de Rabat el rumor de que la gendarmería marroquí había recuperado una isla largamente deseada por algunos vecinos de la costa. De hecho, el ministro de interior se vio ovacionado en la recepción real cuando el Rey agradeció personalmente el regalo de boda de su ministro. De paso, todo el mundo supo que allí había una isla y los vecinos la llamabán Leyla, aunque nadie se atrevió a preguntar el porqué, por temor a una ocasional caída en desgracia. Conforme se avanzaba en la jerarquía, las preguntas eran menos y las soflamas patrióticas, más.
Pero, por fin Marruecos podía sentirse orgulloso de una gesta contra la política colonial española, después de la marcha verde. La estrella sobre fondo rojo que ondeaba desde la isla, llenó de lagrimas los ojos de muchos moros que pudieron olvidarse durante algún tiempo de sus propios problemas, lo que venía a ser un doble regalo de bodas del Rey.
Ahora, se trataba de mover las fichas de manera inteligente, pues estaba en marcha un proceso no exento de algunos riesgos. Una primera medida fue llamar a Bush. Se le hizo ver la posibilidad de que ocurriera lo que ya había ocurrido, pero digamos de manera hipotética, al estilo Gila: “ Parece que alguien ha visto a alguien que intentaba alcanzar la costa de una isla a nado”, a lo que Bush contestó: “Einn?” que se interpretó en términos diplomáticos como un “Ni quito ni pongo Rey”, lo que permitía validar la operación mientras, paralelamente, desde la costa se ordenaba a los en realidad náufragos que resistieran a riesgo de sus vidas. Este claro mensaje a los gendarmes, encerraba el aviso de que era mejor morir de inanición en la isla que decapitados en Rabat, y supieron entenderlo, con lo que sacaron brillo a los zapatos y correajes y se dispusieron a mantener su encierro en Leyla.
Pero las fichas empezaron a moverse y aquí recuperamos al conserje Morales, que, advertido del audaz golpe y con dolores de vientre por la emoción y el disgusto, le hace saber al delegado del gobierno en Ceuta que los moros han invadido la isla Perejil. Éste, ni se inmuta y contesta con un gruñido: “Como si se la pica un pollo, no me vengas con mariconadas”. Morales insistió dolido que él había cagado frecuentemente en dicha isla y que era española; “parte inseparable de la patria”, enfatizó. El delegado, por si acaso cogió el teléfono y habló con Madrid, mas que nada por haber tenido conocimiento que un legionario se había cagado en España y él no lo podía ocultar, so pena que algún día alguien, tal vez el mismo Morales se fuera de la lengua y le pudiera costar el cargo.
En Madrid, nadie quiso quedarse con aquel regalo envenenado en forma de informe oral y fue subiendo el nivel de responsabilidad hasta llegar al ministro de defensa que, muy ocupado en ese momento contestó: “manda guevos donde cague el tal Morales. Por mi como si se da un festín con su mierda y si quiere mas, le doy la mía. A ver si me tengo que preocupar de que los moros ocupen el water de ese indivíduo”, mientras de manera rutinaria pero providencial le echaba un vistazo al mapa y descubría que se trataba de territorio español. “Coño!” exclamó para, bajando la voz disimular que se acababa de enterar. “Estos jodíos moros nos han invadido. Rápido el número de Moncloa”.
Aznar hizo lo propio y solamente reaccionó al saber que la isla de Perejil era suelo patrio. Y lo hizo echándole la culpa a Felipe, para muchas horas mas tarde reunir un gabinete de crisis y estrenar su gorra de legionario honorífico.
A muchas millas de distancia, Bush recibió una llamada de Aznar quejándose de la invasión marroquí y solamente pudo reaccionar en spanglish: “Haya peace”, lo que Aznar interpretó en dos actos: primero se meó y después manifestó que el moro se iba a cagar tras la clara actitud norteamericana de apoyo a España.
Dicha actitud de apoyo de Bush, no solo era patrimonio de Aznar, pues como ya se ha dicho, Marruecos se creía legitimado para hacer lo que había hecho; perdón, lo que le habían hecho, o lo que creía estar haciendo ya que la vorágine de los acontecimientos se precipitaba y amenazaba con dejar fuera de juego al que no supiera jugar.
Mientras tanto, en la isla, los gendarmes obtenían la leche de las supuestas cabras con gran esfuerzo por parte de unos y gran placer por parte de otros.
En Moncloa se preparaba la operación “perejil”. Se trataba de desalojar a los moros pero sin violencia y con el factor sorpresa. Vamos, que ni se tenían que enterar.
Mientras los hilos diplomáticos se entretejían con frases como “Bueno, vale, no pasa ná” , una corbeta de la armada española despistaba a otra marroquí para posibilitar que los helicópteros cargados con veinte legionarios aterrizaran en Perejil y sorprendieran durmiendo a los seis gendarmes, rodeados por los machos cabríos que, por la madrugada comenzaban a desear la primera mamada.
Una vez hechos prisioneros los gendarmes, Morales pudo dormir y Aznar engordó veinte kilos de repente, henchido de furor patriótico y de ondear la bandera española en el retrete de Moncloa. O sea, de aire.
Por el contrario, el rey moro se sintió contrariado, lo que no es una redundancia. Ordenó entonces la elaboración de una respuesta militar mientras los legionarios de la isla seguían con total patriotismo y profesionalidad la tarea interrumpida de los gendarmes: beber la leche de los cabritos y darles por el culo, y todo ello, sin percatarse de que, entre otras cosas, la playa volvía a llenarse de cagadas antes moras y ahora cristianas.
Por fin, en la madrugada del cuarto día, una brigada marroquí de doscientos infantes de marina, aun imberbes, ocupaban la cabeza de playa y detenían a los legionarios que se entregaron al grito de “Vapañña” mientras añoraban su cabra de Ceuta.
A partir de aquí, los sucesos se sucedieron y el mando militar de la OTAN envió un contingente de dos mil expertos y marines como futura fuerza de interposición a la vista de que Bush, que a estas alturas, empezaba a enterarse de la cosa, sabía que Aznar pensaba invadir y bombardear la isla, no supo bien en que orden.
Aznar debía mover ficha para evitar ser criticado en el congreso y evitar también que la Isla acabara en manos del astuto Bush y pudiera controlar todo el tráfico marítimo del estrecho. Parecía que la isla era en verdad estratégica y nadie se había enterado hasta entonces. Por ello, en una maniobra que quedará registrada en los manuales de la lógica militar, Federico Trillo aprovechó que la fuerza de interposición se estaba interponiendo y desembarcó seis mil marines ante el asombro de los imberbes marroquies.
El cuadro era hilarante: ocho mil doscientos individuos armados que no disparan un tiro. Líneas de frente discontínuas por la difícil orografía de la isla. Soldados que caen al mar porque no hay sitio para todos.Y los machos cabríos en medio de todo este merdé. Y hablando de merdé, miles y miles de cagadas en la playa, entre las rocas, grandes y pequeñas, marcas de mierda en las rocas por carecer de papel higiénico y un cuadro dantesco y maloliente que hizo exclamar a un experto del contingente de la OTAN: “Esto es una mierda de guerra”. Mientras, legionarios y marroquies compiten en ver quien caga mas y Aznar dibuja en una mapa una operación militar de alto nivel que le puede reportar ser citado en las academias militares: Hundir la flota como maniobra de distracción mientras Norma Duval distrae a nuestros soldados, lo que ocasionará la simpatía de los moros, que se hermanarán con los cristianos y ello permitirá rescatar a las supuestas cabras.......

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2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Lástima que no seas pijo. Los pijos/as se tiran un pedo y se lo publican.
Con lo que llevas escrito hay para publicar un libro o una columna de opinión en algún periódico, si lo dosificas.
De todas formas ¡Gracias por escribir! y por no ser pijoteramente correcto.

19/11/07, 17:44

 
Blogger HERACLITORIS said...

Es un halago?. De verdad es una lástima que no sea pijo?. No se. No entiendo.
Nuestro hábitat común se llama Cutreland, aunque algunos vivan "en las casitas del barrio alto". Se trata de despojarnos de tanto abrigo-baratija a modo de disfraz.
Gracias por su comentario.

19/11/07, 22:33

 

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