CAUTIVOS Y DESARMADOS

Hace poco, tuve la oportunidad de ver una película de Bertolucci en el canal TCM. Se trata de una peli de bajo coste basada en una idea sobre el cruce de culturas y los conflictos, pero también las semblanzas en las que se sustentan. Se llama “Cautivos del amor”, aunque originalmente es “El asedio”. Me llamó la atención el hecho de que el mismo director presentara la película y destacara los elementos clave del guión. Me gustó verla. Me encantó ver que se pueden hacer bastantes cosas con apenas unos pocos euros. Pero es necesario tener algo que decir y eso ha dejado de estar de moda.
Me gustaba el cine europeo en general y el italiano en particular. Con sus obras maestras y sus bodrios. Con sus directores intelectuales y su descaro social y político.
Pero eso ya pasó. Ya he dicho alguna vez que el cine es una industria. Por tanto, su función estriba en elaborar un producto que sea rentable. O sea: Industria-Producto-Beneficio.
El guión debe basarse en alguna historia mas o menos interesante, con alguna gota de suspense o de misterio. Los actores han de encarnar a unos personajes que parezcan identificables respecto del público, hasta el punto que el actor ya fije la definición del producto. El director debe dar cuerpo a lo filmado, incluyendo los “necesarios” efectos especiales. El productor debe asegurarse de la coherencia del proceso productivo para que los gastos no superen el presupuesto establecido. Eso quiere decir que si la primera escena sucede en Milán y la última también, se rodarán ambas de forma sucesiva.
Con esto no digo nada que no se sepa, pero me interesa recalcar el papel de la película como producto al que se ha asignado una inversión que debe recuperarse con creces. Lógicamente, si la peli la dirige según quién, las reservas serán menores y la inversión, puede multiplicarse. Y en el caso de ser necesario se juega con aquello “del director de tal otra peli” o “del productor de tal otra peli”, como si fuera importante. Y lo es, porque tras el director o el productor, están las fábricas de los productos, los estudios cinematográficos.
El producto debe colocarse de manera adecuada. No es lo mismo estrenar una peli en un cine de Toledo que hacerlo simultáneamente en todo el mundo. He aquí la importancia de las productoras y los distribuidores. Los primeros se encargarán de la campaña de publicidad y los segundos, de asegurar las condiciones del estreno. En la cadena, faltan, lógicamente, los exhibidores y las empresas de doblaje.
Como conclusión de todo ello: Yo puedo ver la misma peli en mil salas distintas.
Pero no puedo ver las pelis que me interesan, porque son “productos” que pueden estar descatalogados o simplemente, ajenos a los canales que me afectan. Si la peli no es rentable, no la veré ni sabré que existe. Si la peli tiene un acento ideológico que no gusta a quienes debe gustar, no la veré ni sabré que existe. Y si miramos en nuestro mundo, veremos un montón de pelis que no se han rodado jamás, que han sido abortadas o simplemente lanzadas a la basura.
Por tanto, también la cultura se mueve bajo parámetros de mercado y mediante la etiqueta de producto empaquetado. No lo olvidemos cuando hablemos de cine ni de cultura en general. Hay miles de pelis que se han rodado y se han estrenado y no existen en nuestro catálogo. Cine de muchos países que no veremos ni podremos valorar. Cine norteamericano ajeno a Hollywood, incluido.
En la medida en que el cine se rige por criterios estrictamente económicos (lo de séptimo arte es un sarcasmo desde hace décadas), se rige por criterios de poder. La clave es la concentración de poder (de capital) que permita dirigir el mercado mediante una suerte de oligopolio universal, al que poder aplicar elementos ideológicos de conveniencia para ese poder. Es justamente en ese ámbito que se mueve toda la parafernalia de los oscar.
Desde hace muchos años, las guerras sobre los mercados culturales han supuesto sonadas derrotas del cine europeo frente a un imperialismo asfixiante que ha logrado desertizar las fuentes de la creatividad cinematográfica en Europa, haciendo que el mercado cultural se unifique bajo el criterio del consumo cultural y bajo patrones unívocos. En ese marco no es extraño que se produzcan pocas pelis en Europa. Nadie quiere perder dinero con lo que hace y eso conlleva castrar las propias potencialidades.
El golpe de tuerca de la industria se está produciendo en torno a la modelación de los gustos del consumidor. Se trata de ir al cine para “no pensar”, para validar lo que sea de manera acrítica. Se trata de lograr perder la capacidad de visionar una peli en la que no se persigue a nadie en un coche que acaba explotando o de que nadie dispare a nadie. Se trata de que lo consideremos ingrediente imprescindible para justificar la peli. Con su cuota de banalización de la violencia y de la muerte.
La agresividad publicitaria llega a extremos auténticamente bochornosos hasta lograr que perdamos la vergüenza de tragarnos una auténtica mierda y creer que los que discrepan son “elitistas” y deben ser vistos como bichos raros.
Hoy, no tiene apenas mérito realizar una peli que sea correcta desde el punto de vista técnico. Hoy no tiene apenas mérito realizar una buena peli cuando ésta cuesta centenares de millones de dólares. Hoy, el mérito lo tiene gente como Kenneth Loach, Bertolucci, Costa Gavras o los hermanos Coen, entre otros, capaces de hacer un buen producto con cuatro duros.
Pero nosotros no nos queremos enterar y pasamos de ellos. No queremos ver una peli de la que nadie nos hablará. Preferimos los lugares comunes, como cuando el lunes nos miramos la liga de fútbol para tener algo de que hablar. Que lástima que no seamos capaces de abrir los ojos al cine emergente de otras culturas distintas. Ojalá puedan sobrevivir en este charco de autismo cultural teledirigido.

2 Comments:
"No pienses, simplemente siéntate; mira, y cuando salgas a la calle gasta y compra y serás como los que ves en la pantalla: gente feliz y contenta de vivir en un mundo donde las preguntas no tienen lugar".
(Ahora hay quien opina que interneC es una nueva forma de democratizar la comunicación, pero a ver si cuesta lo mismo acceder al nuevo High school musical que a mi web particular.
Los pequeños mensajes se pierden en un mar de des-información; en la práctica, sólo los poderosos consiguen llegar a todos.)
5/11/08, 16:45
El problema del mercado del entretenimiento es que sustituye a las personas con sus sensibilidades, miedos y alegrías por consumidores estándar, absolutamente homogéneos, que, una vez estudiados, se acoplan al producto como un perro lo haría con un pienso. No dice mucho de la sociedad actual pero viendo que hay una minoría espantada ante tanta ignorancia uno se queda un poco más tranquilo, ¿no? Me recomendaron hace poco tu blog y lo estoy disfrutando, es muy interesante, una pena que lo hayas dejado.
26/8/10, 8:23
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