EROS ANIMAL

Allí, en un claro del bosque, descansaba nuestro tigre, después de una buena caza y con ganas de dormitar durante horas. Estaba tumbado panza arriba, cuan largo era y sus bigotes se balanceaban con la brisa y nada, nada parecía amenazar su quietud e integridad. Nada?.
De pronto, medio abrió un ojo y observó a lo lejos una cabra que deambulaba olisqueando no se sabe muy bien qué. Lo volvió a cerrar porque no estaba ahora para realizar el esfuerzo de amedrentarla y menos de correr detrás de ella. Todos saben que es un animal solitario, pero, en la madurez, es además algo perezoso.
Se frotó la espalda contra el suelo y siguió dormitando. Fue entonces cuando notó las caricias y lametones de la cabra en su bajo vientre, un vientre de pelusilla blanca, muy distinta de las rayas del lomo. Supo que era ella sin abrir los ojos y no quiso hacerlo porque eso hubiera destruido el encanto del momento, aunque se tratara de un contrasentido, por no ser una tigresa. Una cabra cabrona que se permitía traspasar todo límite de prudencia para desarmar a nuestro félido.
Estaba paralizado por la placentera sorpresa y convencido de que la vida te depara situaciones inexplicables, imposibles de encajar bajo criterios de normalidad.
Fue entonces cuando notó que la cabra se montaba en él, suavemente, como si supiera de la indefensión del tigre, en su manifiesta excitación.
Con una delicadeza impropia de animal alguno, la cabra se fue encajando en el tigre, poco a poco, como si no quisiera molestarle, y se movía con una casi imperceptible cadencia, ahora hacia abajo, ahora hacia arriba, con un efecto entre sobrexcitado y adormilado del felino. La cabra, sin dejar de balancearse, iba observando al tigre con aquellos ojazos y el tigre vislumbraba a la cabra sin querer abrir apenas los suyos, por no asustarla.
Pero no estaba asustada sino feliz, feliz de romper las barreras sociales que impedían hacer el amor a un tigre, feliz de notar como sus movimientos empezaban a recibir respuesta y el acoplamiento era completo. Fue entonces cuando los movimientos empezaron a hacerse mas evidentes. La cabra cabalgaba sobre el felino y éste contestaba conjuntando sus ritmos con los de ella, en un cuadro inimaginable para cualquier amante de la naturaleza o estudioso de la fauna.
Entonces abrió los ojos de par en par. La cabra sonreía feliz y sus ojos mostraban la alegría del placer en el justo instante en que éste se manifiesta, libremente, sin represiones. En su desbocado ronroneo, abrió la boca de par en par y mostró sus impresionantes colmillos levantando su cabezón hacia el cuello de ella.
La cabra, cabalgando cada vez con mas fiereza, levantó la vista hacia el cielo, ofreciendo su cuello, pero el tigre lo acarició mordisqueando y dando lametones.

En ese momento, la cabra se transformó en un hermoso alazán, un equino de melena negra azabache que trotaba y empezaba a galopar salvajemente sobre el tigre. Él no podía entender nada pero tampoco hacía puñetera falta entender cuando actúan reflejos de caracter mas primario. Se limitó a notar la fina piel que rodeaba sus patas.
Cuando la yegua explotó su orgasmo sobre el felino, éste no pudo más y se dejó ir olvidando todo lo que no fuera el abandono de la eyaculación mas salvaje.
Al acabar, como si estuviera agradecida, la yegua siguió acariciando al tigre con la lengua, mientras se transformaba en mujer, poco a poco, al mismo tiempo que el tigre acariciaba su cuello, guardando sus uñas retractiles y se volvía hombre, poco a poco.
Lo siento. Nada de sapos que se convierten en príncipes, ni niñas pijas, tipo París Hilton (gracias a ella, he podido desentrañar el misterio de la sonrisa de la Gioconda: es de absoluto vacío e idiotez) que reviven con un beso. A mi se me antoja que fue así y dispongo de mis derechos de autor. Pero es que, la verdad, no me atrevía con lo del Oso Hormiguero y su vecina, la Hormiga Atómica. Se atreve Usted?.
Etiquetas: CUENTO ANIMAL

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