"NADA ES, TODO FLUYE" Parece simple. Lo es ?. Algún día entenderé el significado y entonces,...... SE VAN A ENTERAR.

27.12.08

CUENTO DE NAVIDAD


Hans Grossenminguen no podía creer lo que estaba sucediendo en ese momento en su dormitorio. Se restregó los ojos con los dedos, intentando despertar de aquella pesadilla disfrazada de sueño voluptuoso cuyo desarrollo no acertaba a comprender ni controlar.
Delante de él el genio de la lámpara empezaba a mover sus cabellos, aquella hermosa melena rubia, tras deshacer su cola de caballo atada con una cinta de color también dorado. Hans sabía que era el comienzo de un acto pedido por él y estaba deseando no interrumpirlo con reflexiones en torno a las fantasías y la realidad, pero no acababa de situarse en aquella escena tan excitante, si acaso, tampoco quería reprimir la propia excitación del momento.
Aquella maravilla de mujer salida de la lámpara, le propuso la realización de tres deseos y Hans pensó que el primero de ellos tendría que ver con la riqueza. Ser el hombre mas rico del mundo no deja de ser el deseo más recurrente de cualquier persona y, como hombre, eso le permitiría tener cuantas mujeres pudiera atender, si dejamos de lado las elucubraciones sobre la reputación de semejantes féminas. Su segundo deseo estaría relacionado con el tamaño de su pene, especialmente encogido en estos días de invierno, con el fin de darle pleno sentido a su fastuoso apellido. Además, si tenía que hacerlo trabajar repetidamente, no sería malo partir de un tamaño considerable que el roce se encargaría al cabo de muchos años de poner en la situación actual. Pero eso sería después de mucho sexo y “lo que se tienen que comer lo gusanos, que se lo coman los humanos”. Así que estuvo a punto de pedirle una felación a aquella hermosura, pero le pareció un deseo un tanto brusco y le pidió que se desnudara para él. Después ya pediría los otros dos deseos.
Karla, que así se llamaba la deseada, soltó su cabellera con un par de golpes de cabeza, presidiendo un cuello lascivo de piel suave como el terciopelo. Acto seguido, se despojó del reloj, anillos y pendientes y Hans pudo ver unos ojos azules como el cielo que le miraban con una dulzura y brillo impropios de alguien que se hubiera limitado a salir de una lámpara dejada por Santa Claus, haciéndole pensar que esa mirada podría encantar a cualquier hombre, animal o cosa que anduviera por allí.
Continuó despojándose de la camisa, sin música ni baile. Lenta y suavemente. Con grandes dosis de naturalidad que Hans solo podía entender bajo un ataque de hiperlibidinosis, notando ya un bulto creciente en su bragueta que le transmitía una sonrisa y brillo en los ojos, envuelto en una red compulsiva de andrógenos y estrógenos que estaba a punto de hacerle perder los modos. Pero supo contener el movimiento de sus manos, prestos a tocar aquello que no podía tocar por haber deseado solamente que ella se desnudara ante él. Y Karla se encargó de recordárselo con una mirada desaprobatoria mientras se desabrochaba el sujetador y mostraba unos pechos tan hermosos como la estructura de curvas que los contenía. Acto seguido se despojó de los tejanos y sin mediar palabra, hizo lo propio con las braguitas y las depositó cuidadosamente encima de la mesa. Hans temblaba de emoción y se palpaba la entrepierna, temeroso de asistir a una explosión nabal de incalculables consecuencias y que pudiera dar al traste con su segundo deseo.
Pero Karla, una vez sin ropa alguna y cuando parecía que el acto había finalizado, se arrancó de un solo tirón aquella hermosa cabellera, introdujo sus dedos y extrajo aquellas dos bellas perlas de color azul, de las cuencas de sus ojos. Hans empezaba a sudar de miedo y la excitación había dado paso al desconcierto mas absoluto.
Una vez sin cabello, arrancó la piel que cubría su cuerpo a modo de funda y pudo verse sus órganos, revoltijos de vísceras y tejidos incapaces de contener la sangre. Se quitó el corazón, los pulmones, el hígado y los riñones y prosiguió hasta quedarse solamente con su esqueleto, mientras el sistema digestivo se desparramaba por el suelo. Entonces, aquella belleza convertida en calavera de mujer, se dirigió a Hans y le dijo:
- Bien, ya me he desnudado ante ti. Estás satisfecho? Cuales son los otros dos deseos? -Y después de hablar, depositó su dentadura ya inútil, junto a las braguitas y lanzó la pelvis a los pies de Hans, con indiferencia y una cierta dosis de desprecio mientras se deshacía de las falanges de sus manos, como si de un guante se tratara.
Hans balbuceó aturdido algo sobre el tamaño del pene y de pronto se encontró con un pene de un metro de largo y otro metro de perímetro. Intentó levantarlo con toda la fuerza de sus dos manos y no pudo ni siquiera moverlo del suelo. En un arranque desesperado de patetismo al ver aquel inmenso tubo de carne inerte, dijo querer ser el hombre más rico y se encontró, por arte de magia en la caldera de una tribu caníbal, rodeado de patatas, alcachofas y cebollas y recubierto de un fluido viscoso que supo identificar como de jugo de carne Bovril.
- “Rico, rico”- El Chef de los caníbales se relamía y miraba a Hans con la misma lascivia que él había mostrado hasta poco antes y Santa Claus se aprestó a comer como su condición merecía y Karla supo que acababa de joder a otro capullo que piensa que puede cumplir sus deseos, sean los que sean.
- Nunca confundas la confianza con la barra libre- musitaba Karla, con aire de aparente tristeza mientras intentaba volver al interior de la lámpara (obsérvese bien la imagen).