EL HORROR! (Dedicado a Raskulín).
Fue una cena muy pesada, regada en exceso y cometí un error tan grave como frecuente: irme a dormir antes de completar la digestión. Pero me costaba conciliar el sueño y algunos eructos delataban el exceso de coñac en un cuerpo más sudoroso de lo normal, mientras el rictus de mi rostro se tornaba estúpidamente somnoliento, como en una nube, con vahos y vahídos. Cuando cerraba los ojos, notaba como si cayera en un pozo resbalando en diagonal por su pared y descendiendo lentamente. De pronto, noté una vocecita que no llegué a escuchar con claridad y me nombraba insistentemente. Finalmente pedí claridad con los escasos restos de mi voz y al poco, pude escuchar claramente mi nombre.
-Marc. Hola, estoy aquí, a tu lado.
-¿Quién eres, que me nombras y no puedo verte?
-No te lo creerías si te lo dijera.
-Prueba y veremos.
-Soy un ácaro.
-¿Un qué?
Un ácaro, era un ácaro y tosí en vez de reír, dado que nadie puede reír alegremente de algo que no justifica risa alguna y acaba torciendo los procesos psico musculares hasta equivocarlos del todo.
-¿Dónde me encuentro y que broma es esta?
-Estás en el mismo lugar en el que te has tumbado hace un rato, pero has sido víctima de tu propio reduccionismo y apenas llegas a la milésima parte de lo que eras antes.
Me levanté con movimientos torpes hasta ponerme de pie. La cabeza me daba vueltas y tuve que sentarme en el suelo. Miré al horizonte y no supe situarme entre los claroscuros. Miré hacia arriba y me sorprendí ante la visión de tres soles que me iluminaban. Miré hacia abajo y allí, a mi lado, había un enano muy enano que me miraba con un solo ojo y tenía dos narices y varias patas. Esta vez me desmayé directamente y no puedo precisar el tiempo que tardé en volver a despertar. Cuando lo hice, aquel monstruito seguía a mi lado y me hablaba.
-Observo con decepción que te cuesta asumir los cambios.- aquella cosa hablaba mi idioma y no parecía tonto; opté por seguir escuchando y fue entonces cuando se oyó un estruendo seguido de otros estruendos impresionantes, desaparecieron los soles y salí disparado hacia arriba para caer de nuevo por mi propio peso, varias veces. Sin duda se trataba de un terremoto o de una explosión enorme, que no parecía haberme matado, aunque logró que se me fuera la resaca de forma inmediata y sentí plena claridad en mis actos. En medio de la penumbra, busqué al enano y, casi sin querer, estuve a punto de aplastarlo con mi cuerpo.- ¡A ver si tienes un poco más de cuidado y dejas atrás tu pasado genocida!- me dijo.
-¿Qué puñetas ha pasado? ¿Qué ha sido todo esto, bicho?
-Ácaro, Marc, Ácaro. Resulta una putada que, encima tenga yo que explicarte, en vez de pedirte explicaciones.
-!Pues ya puedes empezar a hacerlo si no quieres que te reviente ese ojo de un puñetazo y de paso te rompa las narices, valga el plural!
-De ti lo espero todo; he tenido la pobre experiencia de ver cómo, entre tu esposa y tú, habéis matado a casi todos mis congéneres. Pero tú eres especialmente dañino porque has acabado trayendo la desgracia a esta tierra.
No entendía nada de lo que decía el bicho y empezaba a notar una sensación de pánico que se acrecentó con nuevos temblores y la salida de un nuevo sol. El bicho debió notarlo porque se dispuso a hablar mientras me miraba fijamente.
-Ese temblor es de tu esposa, que se ha estirado en la cama con parecido cuidado al tuyo, o sea, nulo. Menos mal que ya quedamos pocos y solemos desplazarnos a las partes mas seguras del colchón. Ese sol es porque ha encendido la lámpara de la mesita para leer la novela mientras tú vuelves del lavabo o dónde crea que estás. Y los tres soles de antes, eran las lámparas del techo. Lo que no se imagina es que estás en el mismo colchón, de cuerpo presente.
Me sentía aturdido. ¿Qué colchón? ¿Qué sol y qué lámpara? El bicho seguía mirándome.
-Eres patético. La tierra que pisas es un colchón. Tu colchón. Pero no puedes ver sus confines porque son inalcanzables para tu poco tamaño y visión. Y si caminas por él, no alteras su orografía, dado que eres simplemente algo mayor que yo, un pobre y triste ácaro y tus pasos no afectan al suelo, duro como una piedra, también para tí.
-Pero, ¿qué he hecho yo para que me suceda esta tragedia personal de estar hablando con un ácaro? Pero, ¿vosotros no sois unos bichos monstruosos de rostro repulsivo y que solo se os ve a través del microscopio?
-Vaya, parece que ya vas entrando en razón y te acuerdas de aquella vez que estuviste a punto de comprar aquel aspirador tan potente que nos eliminaba. La verdad es que funcionó y acabasteis con buena parte de nuestro pueblo, así de un plumazo, en aquella prueba de ventas. Los vendedores os enseñaron unas fotos supuestamente nuestras y les creíste. Creíste que éramos como los de la foto, pero eso eran chinches, no ácaros. Los ácaros son mas o menos como yo: Un ojo, dos narices y ocho patas. Como vosotros, unos son mas feos que otros pero no somos los de la foto.
Si, recordaba la ocasión. Además, los vendedores, no solo nos quisieron demostrar las bondades de su aspirador sino que intentaron tocarnos el corazoncito y nos dijeron que su premio por esa venta sería un viaje a Austria, que sin duda ya iba incluido en el precio del maldito aspirador. Pero no lo compramos, precisamente por su precio. Se lo dije al bicho como gesto que pudiera servir de atenuante pero no le convenció.
-Si, claro; no lo compraste pero hiciste la prueba en el colchón y acabaste con la mitad de mi pueblo, destrozando familias enteras y obligando a comernos a nuestros propios hermanos muertos. Pero eso fue un hecho puntual. Lo peor ha sido todos estos años en los que, cada noche aplastabais centenares de ácaros con vuestros cuerpos.
Era absurdo pero sentí que empezaba a comprender las razones del bicho. Así lo hice ver, esperando que todo eso acabara con la maldición que me había llevado a esta sinrazón. Y pedí que me perdonara sin saber muy bien si era eso lo que debía pedir. Pero no, no era eso.
-Eres duro de mollera. Nada va a ser igual ni para ti ni para nosotros. Todos pagaremos pero la culpa será tuya. ¿Recuerdas ayer, cuando pusiste a tu nieta a hacer la siesta y tu esposa descubrió que la niña tenía piojos?- Si, lo recordaba- Pues bien, le pusisteis una friega de vinagre en la cabeza y la duchasteis, pero antes, la mayoría de los piojos se quedaron en la almohada y campan a sus anchas por el territorio. Tenemos noticia de que ya se han comido a unos cuantos de los nuestros y ésos sí que son monstruosos, horribles y tienen tu tamaño. Y luego está lo de las ladillas.
-¿Qué ladillas?
-Tú sabrás dónde las cogiste. Supongo que en algún puticlub de carretera. Pero eso es lo único bueno que has hecho durante mucho tiempo. No te imaginas las juergas que nos hemos corrido los ácaros y las ladillas. Oye, sexo sin barreras y en estado puro. Indescriptible. Hasta ahora, que esos piojos del copón las violan y se las comen. Un desastre total.
Entonces aparecieron varios bichos que, según el ácaro, eran ladillas y, conforme se acercaban me percaté que sus angelicales rostros me resultaban familiares. Intuí a Judith, María, Nerea, Carme y Mónica; Natalia, mi vecina del tercero primera, mi madre y mis hermanas y otros que, aunque conocidos no lograba relacionar y me proponían sexo a cambio de comerse al ácaro y el ácaro me indicaba que aceptara porque no hay nada mas placentero que ser devorado por una ladilla española, pero entonces aparecieron los piojos, tal vez diez o quince y eran el doble de mi tamaño. Dijeron que esa noche iba a ser especial porque pensaban sodomizarme y noté que me encontraba al borde del vómito al oler el repelente olor corporal del macho alfa, enfundado en una especie de burka y cuyo horrible rostro parecía coronado por cuatro antenas que resultaron ser penes y se aprestaba a penetrarme mientras varios piojos apestosos me sujetaban los brazos y las piernas y el ácaro desaparecía del escenario mientras las ladillas se iban detrás de él.
Entonces noté como me separaban las nalgas. Dios mío! Grité despavorido que ellos eran hermafroditas y me aclararon que no. Eran bisexuales, que no era lo mismo. Y les encantaba follar con las ladillas que, al fin y al cabo, eran piojos púbicos o públicos, no lo entendí bien.
Estaba atrapado en mi terrorífica angustia e impotente ante los hechos y solo quería huir, lo que conseguí al zafarme de ellos como resultado de un nuevo estruendo que nos lanzó a todos por los aires y me liberó del hedor y la baba del piojo en mi cogote al caer ya fuera del puñetero colchón. Justo en ese momento, me rasqué el culo y me desperté, todo de una vez. Mi mujer seguía leyendo y se giró para decirme que estaba pálido y sudoroso y que habría tenido una pesadilla. Pero no quise hacerle caso y esa noche vertí vinagre de jerez en la almohada y por todo el colchón ante los gritos y la incredulidad de mi esposa que acabó durmiendo en el sofá y maldiciendo al tarado de su marido, que olía a vino caducado.
Etiquetas: CUENTO ANIMAL

1 Comments:
obra maestra colega!!
jajaja, me recuerda a un relato que hice yo que se llamaba "primero yo habitaba el culo de un mono" que iba de temática microscópica también.
qué ínclita pluma! (ah, no, ese es el Boris Izaguirre dándoselas de literato) qué sabio raciocinio narrativo!
la bienaventuranza sea para contigo, poeta del parasitismo.
abracete!
6/11/09, 13:46
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