NICCOLÒ MACHIAVELLI /1399235

Nicolás Maquiavelo fue un pensador,
escritor y diplomático adelantado a su tiempo: Nació y murió en un país
que aún no era Italia (República de Florencia 1469-1527, adelantado, ¿lo
pillan?) y supo explicitar tanto la petición de clemencia ante una
injusticia como el precio que puso para compensarla: Regalar su conocimiento,
su bien más preciado entre sus pocos bienes a los responsables de sus
desgracias, los Médici, gracias a los cuales Maquiavelo resultó
encarcelado y torturado a lo largo de su vida.
Si damos alguna pincelada al contexto, en
aquellos tiempos feudales y absolutistas se empieza a desarrollar un movimiento
general en el plano cultural y político de ámbito europeo llamado Renacimiento.
Como es costumbre, el mundo conocido se abre al cambio con la excepción de
España, que instaura la sagrada inquisición. Mientras Francia, el embrión que
formará la futura Alemania y los reinos que luego formarán Italia se lanzan a
innovar y revisar el modelo feudal en todos los planos, España, país poderoso
en aquel tiempo, gracias a la influencia de Dios, español de nacimiento,
presentaba su mayor activo en una alianza con la Iglesia Católica, que dura
hasta nuestros días en forma de inquisición ilustrada lo que provocó el exilio
de Dios hacia Norteamérica y hoy es apátrida.
Pero volvamos a Maquiavelo porque su obra
incide en ese contexto. Lo que más tarde llamaremos Italia, es en aquella época
un conglomerado de pequeños reinos y repúblicas o Ciudades Estado (Repúblicas
de Florencia, de Génova, de Siena, de Venecia, Reino de Nápoles o de Sicilia,
Ducados de Saboya o de Milán…). Además, algunas partes importantes como el
Reino de Nápoles, Sicilia o Cerdeña estaban en manos del imperio español.
Y por si faltaba algo, los estados pontificios, hoy llamado Vaticano, abarcaban
mucho más que una parte de Roma y ostentaban un ejército capaz de impresionar a
cualquiera.
Pero que nadie piense que el Renacimiento
es un proceso histórico lineal exento de contradicciones. Junto al
florecimiento de la cultura y de las artes, junto a las disensiones del
calvinismo en la religión oficial, coexiste la represión y el crimen del poder,
de todo aquello que desprenda poder. Sirva de muestra Galileo Galilei.
Tal vez sea este el momento adecuado para
introducir algunas de las claves de Maquiavelo, justamente con el Vaticano,
demostrando así que el pensamiento político de Maquiavelo trasciende su
presente: Hoy el Vaticano insiste en recordarnos que lo suyo no es el poder
terrenal sino el espiritual. Lo cierto es que esa afirmación sigue siendo falsa
porque la influencia religiosa y cultural le permite condicionar voluntades.
Pero eso es ahora. En el siglo XV, los Papas tenían hijos y concubinas y
poderosos ejércitos que combatían a sus órdenes en alianzas con fulano o con mengano.
Entonces, su reino sí que era de aquel mundo terrenal. Hoy solo son una muestra
de su debilidad espiritual no deseada que compensan con las muchas riquezas
amasadas. Pero que a nadie se le ocurra darles poder porque montan otra
inquisición.
Maquiavelo resalta muchas ideas que son en
realidad de sentido común y resultado de sus observaciones empíricas sobre la
realidad social. “Nadie o casi nadie
tendrá ocasión para saber cómo eres, pero todos verán cómo aparentas ser”.
Hoy llamamos a eso “Imagen o Look” y esa afirmación me permite resaltar que
Maquiavelo es hijo de su tiempo. Ni Darwin ni Marx ni Da Vinci ni Galileo
podían ir mucho más lejos de lo que su tiempo les permitía. Eso debiera servir
para justificar lógicas limitaciones que no empobrecen su brillo. Así, el
alcance de esta observación (y de otras) deviene plenamente actual. Los actores
políticos actúan y no se muestran en su dimensión real, siempre decepcionante.
Actúan, fingen amabilidad o ferocidad según convenga a sus propios intereses y llegan
hasta niveles que resultan a veces patéticos en su bondad o crueldad. En
definitiva, sigue siendo plenamente actual que los fantasmas ya no habitan los
castillos de Escocia: son ciudadanos del mundo. Se trata de un compendio sobre
las virtudes públicas y los vicios privados o, si se quiere el espantajo del
rey desnudo.
Por cierto, mi amiga Montse siempre se
imagina en ropa interior a su director general mientras suelta sus poderosos y
ampulosos discursos sobre la realidad y futuro de la empresa y ella sonríe
interiormente porque lo deja sin autoridad.
No obstante, más allá de las cuatro
etiquetas identificativas (no siempre inocentes) Maquiavelo se centra en la
cuestión del poder, en cómo obtenerlo y gestionarlo para conservarlo. Y lo hace
mediante el consejo y la metáfora, de forma que no parezca servilismo pero
indique una cierta fidelidad, tal vez poco correspondida. Un dato revelador es
que “El Príncipe” se publicó póstumamente en 1531, casi veinte años después de
“su regalo”.
Antes de reflejar algunas de sus ideas,
quisiera destacar que el personaje trasciende a la persona de forma que resulta
distorsionado hasta el extremo de manera que pueda resultar útil al
distorsionador. Así, hablamos de “maquiavelismo” para referirnos a un
pensamiento retorcido y exento de piedad o ética. Algo resulta “dantesco”
cuando el horror supera lo esperado y “sádico” al superar un nivel de agresión
o su contrario “masoquismo”. En definitiva, poco importan esos Maquiavelo,
Dante, Sade, Sacher-Masoch y sus “ismos” buscan homologar, encuadrar, catalogar
y casi siempre reducir o simplificar el alcance de lo tratado: Darwinismo,
Marxismo, Sexismo, Fascismo, Racismo, Cristianismo, Budismo, Socialismo…
A pesar de todo eso (no está claro que
Maquiavelo hubiera escrito nunca aquello de “el fin justifica los medios”, expresión que bien pudiera ser
razonable según cual sea la realidad y su contexto y sus limitaciones) a pesar
de que Maquiavelo debe ser una de las personas cuyo pensamiento ha sido mal
interpretado y tergiversado al máximo, su aportación es digna de ser resaltada
en una realidad actual en la que el poder sigue siendo la clave de las
relaciones y conflictos sociales pero algunos se obstinan en considerarlo
un tema tabú (o del que conviene hacer huir a mis enemigos hasta el punto que
olviden su utilidad). Y otros le atribuyen un plus de chulería y prepotencia.
Pero el poder es aquello que te dota de los recursos que te permiten mejorar o
empeorar la realidad social, o como se diría también, las condiciones de vida y
de trabajo de uno u otro sector social. Tal vez, hoy resulta más entendedor
resaltar que un fin determinado debe dotarse de recursos que le permitan
conseguirlo. O simplemente, los conceptos de táctica y estrategia.
Entrando en algunas aportaciones del
pensamiento de Maquiavelo, él considera que “los hombres juzgan por lo que ven por los ojos pero sin el filtro de la
inteligencia”. Es cierto que todos ven (excepto los ciegos) pero "no
todos comprenden lo que ven". Así, el mundo está lleno de seres cuyas relaciones
y conflictos se dirimen en función de lo que aparentan ser, lo que fingen ser.
Por esa razón el poder debe saber disfrazarse y fingir con habilidad su
verdadera naturaleza porque “los hombres
son tan simples que aquel que engaña encontrará siempre quién se deje engañar”.
También escribe que “los hombres viles y soberbios tienen una naturaleza que les lleva a
despreciar a los demás y mostrarse insolentes en la prosperidad para resultar
abyectos y humildes en la adversidad”. Tal vez sea lo mismo que mostrarse
servil ante el fuerte y poderoso ante el débil. Conocemos de cerca ese tipo de
vileza.
Según su opinión, “vale más arrepentirse de algo que has hecho que arrepentirse de no
haberlo hecho”. Por cierto, “cuando
se examina de cerca una realidad, no pueden apartarse los obstáculos sin que de
ellos surjan otros”. A mí me sugiere que saber más es la antesala para
preguntas que antes no te hacías, que saber más es descubrir el ámbito de tu
ignorancia.
“El
que es elegido príncipe por el favor popular, debe conservar al pueblo como
amigo”. En un razonamiento algo más retorcido, sirves a quién te llevó al
poder. Pero además, “es más fácil
insultar al que amas que al que temes”. Maquiavelo se deja de argumentos
almibarados para decir que el poder comporta un cierto nivel de amenaza que te
haga ser temido por aquellos que están debajo. Por eso proclama que “la ofensa del poder hacia el administrado
debe ser tal que resulte imposible vengarse”. Por esa razón, “el único medio seguro de dominar una ciudad
acostumbrada a vivir libre, es destruirla”.
Otra idea sobre el poder es que “no puede haber grandes dificultades cuando
abunda la buena voluntad”. El secreto está en buscar esa buena voluntad,
cada uno desde su campo. Pero también cada uno desde sus perversiones o
ingenuidades. Hoy, el secreto del éxito consiste en lograr imponer una cierta
cuota de alienación, de manera que el súbdito siga tu voluntad creyendo que
sigue la suya. Pensar como el poder pero vivir como el súbdito. A eso lo
llamamos marketing publicitario.
“El
que quiere ser tirano y no mata a Bruto y el que quiere establecer un Estado
libre y no mata a los hijos de Bruto, sólo por breve tiempo conservará su obra”.
Es una afirmación cruel pero de sentido común. Me lleva a pensar en el león que
tras declararse jefe de la manada, mata a los cachorros precipitando así el
celo de las hembras.
“Si
el partido principal, sea el pueblo, el ejército o la nobleza, que os parece
más útil y más conveniente para la conservación de vuestra dignidad está
corrompido, debéis seguirle el humor y disculparlo. En tal caso, la honradez y
la virtud son perniciosas”. Genial lo de “la conservación de vuestra
dignidad”. No olvidemos que Maquiavelo brinda su conocimiento para la obtención
del poder. Hoy tenemos muchos ejemplos de corrupción y transfuguismo y a pesar
de que ambos aspectos son conocidos solo en parte (corrupto pero también
corruptor como agente corrupto doblemente despreciable) todos los cabrones
aplican “las enseñanzas de Nicolás”. Lo cierto es que quien quiera conservar el
poder deberá contentar aquellos intereses que podrían conspirar contra “esa
dignidad” en un momento de debilidad propia. Por otra parte, podría intentarlo
con los sectores populares pero resultaría más caro.
“Las
armas se deben reservar para el último lugar, donde y cuando los otros medios
no basten”. Reservar las armas no quiere decir otra cosa que no usarlas
pero recordar su existencia. Viene a coincidir con aquella expresión que indica
que el poder nace en última instancia de la punta del fusil. Se hecho,
Maquiavelo afirma que “todos los
profetas armados han triunfado”
“Los
hombres olvidan con mayor rapidez la muerte de su padre que la pérdida de su
patrimonio”. Se trata de una muestra de cinismo realista pero
incontestable. En este punto, no puedo evitar elevar el tono, más allá de la
propia reflexión que, como he dicho, resulta incontestable. Conviene recordar
que, a lo largo de la historia, se suele combinar la dualidad de aquello que es
viejo y no acaba de morir en relación a lo que es nuevo pero no acaba de nacer.
En este tono, el feudalismo estaba en retirada (a pesar suyo) y la ilustración
se abría camino pero el poder absoluto se resistía a aceptar lo que vino un par
de siglos después de la mano de Montesquieu. La máxima de que el poder no se
delega ni comparte ni trocea sigue presente en Maquiavelo. O tal vez, la
separación de poderes no fue nunca una necesidad real o no disminuyó un ápice
el poder de los poderosos del siglo XVI y la complejidad de las entidades
superiores (estado nación) lo hizo inevitable en el siglo siguiente como
resultado de un largo proceso de maduración de conflictos.
Conclusión: Sabedor de la importancia de
Maquiavelo en el estudio de la gestión del poder situando el contexto, podemos
decir que sus afirmaciones resultan un juego de niños al lado de la
sofisticación actual de la imagen, la información, la contrainformación,
la desinformación, la intoxicación, la censura, la autocensura y el
terrorismo de estado.
Hoy, la brutalidad extrema ha dejado
paso al engaño sistematizado (pensemos en el ejemplo sobre las armas de
eliminación masiva en Irak) donde la moralina busca controlar al pueblo
esperando no tener que mostrar “otros medios más directos”.

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